Quién quiera saber de la Alhambra de Granada que no me lea. No voy a narrar lo que pueda decir un guía de los muchos que atienden a los turistas que vienen ávidos de información sobre esta maravilla que vive en esa bella ciudad andaluza.
Yo hablo de lo que ven mis ojos, de lo que me dicen sus paredes, de lo que canta el rumor de las aguas que caen con fuerza y de las voces que puedes escuchar cuando te sumerges en esa dulce tranquilidad que sube hasta la noche estrellada de la Alhambra, y cuando sentada en el suelo, abrazando mis piernas en el Patio de los Arrayanes, mi vista se pierde en el reflejo de la Torre de Comares sobre el agua, rodeada de los setos de la planta del paraiso.
Pasa por delante de mí una sombra que vestida de musulmana se desliza suavemente y me toma de la mano. No hablo, simplemente me dejo llevar por ella. Su velo de suaves colores se ondula movido por la brisa.
Entramos en el Mexuar, la sala a donde se viene a pedir justicia. Mi compañera pone un dedo sobre sus labios pidiéndome silencio y señalando un punto, en una cámara elevada cerrada por celosías está el sultán meditando sin ser visto.
Nos apartamos. Se levanta el sultán y lentamente se encamina atravesando el Patio de los Arrayanes hacia la Sala de Comares. Entra. La Sala está vacía y con su mano derecha va acariciando las paredes en las que va leyendo en sus relieves poemas nazaríes sobre la Alhambra. Quizá de Ibn Zanrak y lee:
" Plata fundida corre entre las perlas
a las que semeja belleza alba y pura
En apariencias agua y mármol parecen confundirse
sin que sepamos cual de ambos se desliza"
Sigue leyendo y repite como en una oración: "Sólo Dios es vencedor" y llega hasta el trono y se sienta. Mira embelesado el techo lleno de estrellas y de los siete espacios que representan los siete cielos y por encima, el escabel, sobre el que se establece Dios. Y las cuatro diagonales, los cuatro rios del paraiso:el de la leche, el de la miel, el del agua y el del vino.
Un suspiro sale desde el fondo de su alma. Cierra los ojos y se encierra en sí mismo. Nos apartamos respetando su intimidad y vamos buscando el Patio de los Leones. Las columnas se unen con paños calados que dejan pasar la luz. Belleza blanca que la luna ilumina resaltando los cuerpos de los leones y convirtiendo en plata el agua que sale de sus bocas.
Alguien viene.Es el Sultán. Oigo sus pasos que llegan hasta la fuente, los acaricia y uniendo sus manos forma un pequeño recipiente que llena de agua y la lleva a su boca para refrescarse.
Sigue caminando y llega al Patio de los Arrayanes. Se sienta con las piernas cruzadas sobre el suelo. Mira hacia el cielo y una lágrima se desliza por su rostro. Lleva una rosa roja en la mano. En mitad de la noche se oye una voz de mujer que acercándose le dice con desprecio:
"Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre"
Abro mis ojos. Mi compañera ha desaparecido y en el lugar donde cayeron las lágrimas, una rosa roja eleva su fragancia hacia la noche estrellada de Granada. Era el adiós de Boabdil "El Chico" a la Alhambra, a su Alhambra.
Malena
Dedicado a la Promoción del 58 del Colegio Hermanos de la Salle de Melilla y a sus esposas con todo mi afecto.
